Lucía llegó a las imponentes puertas de Valladares Corp con el corazón latiendo con fuerza, pero manteniendo la barbilla en alto. El personal de seguridad y las recepcionistas la miraron con una mezcla de asombro y lástima; muchos recordaban a la brillante abogada que solía caminar por esos pasillos con elegancia, antes de que el escándalo la arrastrara a Támara.
—Busco a Fernando Valladares —dijo con voz clara al llegar a la recepción del último piso.
—Señora... —la secretaria tartamudeó—, el