—Yo... —Ana dejó a la mujer con la palabra en la boca, ella se dirigió al despacho de su esposo y miró al hombre alto que no se dignó ni siquiera en mirarla.
—Tormenta. —Kalen se puso en pie. —¿Qué haces aquí? —Ana endureció el gesto.
—Visitando a mi esposo, ¿Hay algo malo en eso? —Dejó la comida de lado. —¿Por qué llamaste a limpieza a esta hora? Jamás cambias tu rutina. —Kalen le dio un beso en la cabeza, su corazón marcha demasiado rápido.
—Hice un desastre en el baño, solo necesitaba verlo