―No digas eso. ―A Osi se le cristalizaron los ojos al verla tan decaída. ―Sabes que no es así, tú lo hiciste todo por ese niño. ―La obligó a que la mirara. ―Venia de la calle, donde la vida es jodidamente dura. ―Ana sollozó. ―Sabes que no siempre se puede ganar y no siempre podemos hacer que las cosas salgan como lo deseamos. ―La ayudó a sentarse para colocarse a su lado y abrazarla. ―Pero no puedes ponerte así cuando otros niños necesitan de ti. ―Besó su cabeza. ―No pudiste hacer nada más por