Calvin Monteverde
La sala de reuniones de mi mansión se encontraba iluminada por la luz natural que se filtraba a través de los ventanales de vidrio, proyectando un ambiente cálido e íntimo que contrastaba con la tensión que se respiraba. Había ordenado a todo el personal permanecer fuera para garantizar la privacidad. Frente a mí, sentado en uno de los sillones de cuero, estaba Sergio Castellón, aspirante a primer ministro, con su porte altivo y mirada analítica. A su lado, Ana María D’ Castel