Calvin Monteverde
El cigarro en mi mano se ha consumido casi por completo sin que apenas le haya dado una calada. Lo miro, apenas consciente de que el tiempo ha pasado. Solo me doy cuenta cuando la ceniza cae sobre mi pantalón y me quema el dorso de la mano. Maldigo en voz baja y aplasto la colilla contra la tierra húmeda.
Tres días.
Han pasado dos jodidos días desde que El Fiero se fue con mi esposa, y no tengo ni una puta señal de él.
La ansiedad se me mete en los huesos como un veneno lento.