Cindy
Pedimos más bebidas, y la conversación fluyó con facilidad. Su nombre era Brayan y parecía tan interesado en escucharme como en compartir detalles sobre sí mismo. Era refrescante, casi… normal, en el mejor sentido.
Rocío se nos unió en algún momento, lanzándome una mirada de complicidad mientras se acomodaba en un taburete cercano.
—Definitivamente necesitaba esto —dijo, levantando su vaso en otro brindis improvisado.
—Por ti —respondí, sonriendo.
La copas comenzaron a subir a la cabeza,