Cindy
Pegué un grito.
Frédéric estaba detrás de mí, con una cara interrogante y una ceja alzada, al girarme leí en su cara una clara pregunta: qué coño estaba haciendo yo aquí. Me enderecé de súbito, y lo miré a los ojos.
—Metete —ordenó con firmeza como si ya supiera lo que estaba haciendo.
Obedecí acompañada de sus ojos, hasta meterme al casino.
El bullicio del lugar parecía menos vibrante, como si mi percepción estuviera filtrada por una neblina espesa. Algunas chicas ya salían de