El bosque se cerraba ante ellos como si tuviera vida propia. Ramas que antes no existían bloqueaban el sendero, raíces emergían del suelo intentando atrapar sus tobillos, y una niebla espesa, casi tangible, dificultaba la visión más allá de unos pocos metros. La expedición hacia la Cueva del Ocaso se había convertido en una batalla contra la naturaleza misma.
Lía avanzaba al frente junto a Kael, con los trillizos protegidos en el centro del grupo por los guerreros más fuertes de la manada. El v