Luna de papel: el divorcio ya no es una opción

Luna de papel: el divorcio ya no es una opciónES

Hombre lobo
Última actualización: 2025-08-22
Luján C.  Recién actualizado
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Resumen
Índice

La Luna de papel fue marcada por el apellido Russell, la tinta quedó impregnada, tanto que debe romperse parar borrarlo. El Alfa y Beta de la gran manada, Red Moonlight, fueron asesinados. Helena, después de la muerte de su padre, el Beta, es tomada como esposa por el hijo del gran Alfa fallecido. Un hombre desconocido que regresó del extranjero para cazar al asesino y tomar el control de la manada. La evasiva Helena acepta las circunstancias con el único objetivo de proteger a su madre. Trata de vivir como un fantasma durante los tres años que dure el contrato, pero debido a las falsas acusaciones de traición hacia su difunto padre, ella se motiva a buscar la verdad. Juntos se unen para cumplir sus objetivos, sin sentimientos de por medio, hasta que los papeles de divorcio fueron puestos sobre la mesa. ¿Realmente, no hay sentimientos?

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Capítulo 1

Capítulo 1: La promesa

Los sentidos de Helena estaban desconectados.

Se había movido en automático desde que le dieron la noticia del asesinato de su padre y al gran líder de la manada. ¿Cómo había ocurrido? ¿Quién fue el asesino? Nadie le dio respuestas.

Su madre colapsó al recibir la noticia y ella tuvo que comparecer ante el agente del ministerio público. Ella pensó en lo afortunado que era tener lobos infiltrados entre los humanos. Para la entrevista como testigo de identidad, presentó documentos de identidad de su padre, pero al momento de realizar el reconocimiento del cadáver, su madre intervino.

Helena apreció el intento de su madre por proteger los buenos recuerdos de su padre, pues no quería que la última imagen de él, fuera la de un cadáver con las extremidades pegadas a punta de costuras. Sola, realizó los preparativos del funeral.

La manada y representaste de otros grupos se reunieron para darle el último adiós al gran líder. Su madre y ella, fueron las únicas en que se despidieron del Beta, que murió en su deber, debido al desprecio de la manada.

Helena solo cayó a la realidad cuando aquel ataúd descendió en el agujero.

Explotó en llanto y cayó de rodillas. Su padre, su querido padre, partió antes que ella.

¿Y ahora qué iba a hacer? ¿Quién las protegería? ¿Quién la entregaría al altar, tal como él había deseado? ¿Por qué lo acusan de traición? La madre de Helena se aferró a su hija. Helena gritó hasta desgarrar su garganta y lloró hasta que sus ojos se cegaron.

Aquel dolor paró cuando ella se desmayó.

***

Cuando abrió los ojos, Helena sintió un terrible ardor, cada vez parpadeó. Su garganta la sintió seca y tragó saliva. Se arrepintió debido a la sensación de miles agujas perforando su carne.

Agotada, decidió salir de la camilla para buscar a su madre.

―No lo hagas ―Una voz áspera la asustó.

Ella buscó con la mirada al intruso. Solo logró ver una silueta de alguien sentado en el sofá, en medio de la oscuridad. Aquel intruso se levantó y caminó hacia su cama. Helena se mantuvo expectante, lista para salir huyendo de ahí.

El hombre misterioso sirvió un poco de agua en un vaso y se lo extendió. Ella no aceptó y le miró con intensidad. Él soltó un bufido divertido y estiró la mano para encender la lámpara en la mesita.

Helena lo vio. La luz cálida alumbró a aquel apuesto hombre. Era enorme, enfundado en un traje elegante, con una mirada oscura que caería de brillo humano. Ella se dio cuenta de que era un lobo como ella, y peor aún, reconoció al hijo del difunto gran Alfa, Jack Russell.

―Bebe ―ordenó el joven Russell con una voz de comando.

Helena se quedó embobada por un momento. ¿Cuándo fue que regresó? ¿Lo vio en el funeral? Buscó en su memoria aquel rostro hermoso. No tuvo éxito.

―¿Eres sorda? ―Él fue impaciente.

Ella tomó aquel vaso y dio unos pequeños tragos. Él la miró desde sus casi dos metros de altura, con las manos metidas en sus bolsillos. Helena se sintió intimidad ante su presencia, no podía sostenerle la mirada. Su porte proyectó dominio, soberanía, dignidad de un Alfa. Ya no quedó rastro de aquel niño amargado que conoció años atrás.

―Es hora de hablar de nuestro compromiso ―dijo él con una expresión fría.

Helena guardó silencio, con la mirada en otro lado que no fuera él, dispuesta a escucharle como una empleada fiel.

―Ahora podemos romper esa tonta promesa. ―Continuó Russell―.  Pero las cosas se complicaron. Así que, hay que casarnos.

A Helena eso la tomó por sorpresa, se ahogó con el agua y tuvo que toser.

―¿Por qué? ―preguntó tosiendo.

Ella también había esperado romper el compromiso, pues aquella tonta promesa entre dos buenos amigos, había arruinado su vida amorosa. Nadie quiso meterse con la prometida del hijo del gran Alfa. Ni en broma.

―Pensé que ya estábamos de acuerdo con ese tema ―dijo Helena, a pesar de su voz afónica.

―Lo sé. ―Él suspiró con resignación―. Pero ahora la manada ya entró en una lucha de poder. Te atacarán aun si eres mi esposa o no. Lo mejor que puedo hacer es darte el más alto estatus por mientras resuelvo el caso.

Helena había olvidado los asuntos de la manada. Se pasó una mano sobre la frente. No se atrevió a imaginar lo que la manada hubiera hecho con su madre y ella, si su amado padre no se le hubiera ocurrido emparejarla con él. Esa inmunidad la sirvió, pero, un momento...

―¿Quiere protegerme? ―Esta vez ella le sostuvo la mirada, con esperanza en sus ojos.

Russell guardó silencio por un momento y desvió la mirada.

―Sí ―respondió de forma suave.

Helena sintió paz, pero no lo suficiente. Se preocupó por la seguridad de su madre. Su manada ya no fue un lugar seguro, así que pensó en otras soluciones para no depender del señor Russell.

―¿No hay otra manera? ―preguntó preocupada―. ¿Tal vez, salir del país? Solo deme tiempo, haré los preparativos...

―No puedes. ―La interrumpió con aquella voz grave―.  Sería perderte de vista y no pienso hacer eso.

Ella sintió una pequeña sacudida en el corazón. ¿Preocupado? ¿El señor Russell? ¿Quién era más su jefe que su amante?

―Gracias ―dijo con timidez, desvió la mirada.

―No me malinterpretes. Estoy haciendo esto por mi difunto padre y el tío. ―Él fue directo.

Se sintió avergonzada, como si aquel hombre le hubiera pisoteado la cara.

―Aun así, gracias. ―Helena se obligó a decir con falsa calma.

Sabía muy bien que los años de lealtad de su padre hacia la manada, rindieron frutos. A pesar de los rumores, nadie podía negar las contribuciones que acumuló, por algo fue el Beta y el mejor amigo del Alfa.

Incluso Jack Russelle, que hacía años se había retirado de la manada para tener su propio territorio, conoció la buena reputación de su padre. Solo que, no entendió por qué aquellos rumores habían adquirido fuerza con tanta rapidez en la manada. No fue natural, más bien, dio la sensación de que todo fue forzado por alguien.

―Descansa, mañana hablaremos con el abogado para el contrato matrimonial ―dijo Russell con indiferencia, a su vez vio la hora en su reloj costoso.

Aquel hombre se dio la vuelta sin despedirse. Tomó un enorme abrigo negro del sofá y, sin mirar atrás, salió con un fuerte portazo.

La habitación permaneció en silencio.

Helena, sentada en la camilla, quedó anonadada. Ese hombre no le había dado espacio para negociar. Se sintió mareada, todo había ocurrido con rapidez. Ni siquiera pudo procesar el funeral, tampoco pudo luchar.

Pensó seriamente sobre su futuro. Tenía que tener cuidado, pues de la noche a la mañana, su madre y ella habían caído en las manos de Jack Russell, un hombre recién llegado y completamente desconocido.

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Capítulo 1: La promesa
Capítulo 2: Solo firma
Capítulo 3: La cena
Capítulo 4: Interrupción
Capítulo 5: No es verdad
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