La marca en la piel de Mateo brillaba con un fulgor plateado bajo la luz de la luna que se filtraba por la ventana. Lía pasó sus dedos temblorosos sobre el símbolo, una espiral entrelazada con tres puntas que parecía latir con vida propia. El pequeño dormía plácidamente, ajeno al terror que invadía a su madre.
"Nuestro linaje es el principio y el fin."
Las palabras de su madre resonaron en su mente como un eco lejano, palabras que había pronunciado en su lecho de muerte, cuando Lía apenas tenía