La biblioteca secreta de la manada permanecía oculta tras una falsa pared en el sótano de la casa principal. Lía nunca había tenido acceso a ella durante su tiempo como miembro de la manada, pero ahora, guiada por una corazonada que le quemaba las entrañas, había seguido el rastro de un aroma antiguo, a pergamino y secretos.
Sus dedos recorrieron el borde de la estantería que ocultaba la entrada. La madera crujió bajo su tacto, como si reconociera su sangre, la sangre que corría por las venas d