Maxton había estado moviéndose con un ritmo brutal, sus ojos cerrados, su rostro contraído en una expresión que era más agonía que placer, cuando de repente se detuvo. Sus ojos se abrieron, enfocándose en el rostro de Karla con una intensidad que la hizo contener el aliento.
Con movimientos deliberadamente lentos, como si estuviera en trance, llevó su boca a su oreja. Y mordió. No con suficiente fuerza para romper la piel, pero sí lo suficiente para enviar una chispa de dolor-placer que hizo qu