El amanecer encontró a Karla exactamente donde había estado durante las últimas horas: despierta, inmóvil, con el cuerpo de Maxton todavía enredado con el suyo en el sofá de cuero de su estudio. La luz gris del alba se filtraba a través de las persianas, pintando el espacio con sombras alargadas que parecían acusadoras de alguna manera.
Karla sabía que debería moverse. Que debería desenredarse de sus brazos antes de que despertara.
Pero no podía. Porque esta podría ser la única vez que lo tendr