Mundo ficciónIniciar sesiónSu padrastro quería deshacerse de ella y la vendió al mejor postor, él un hombre obseso que ha fantaseado con ella por meses al fin pudo tenerla en sus mano. Ella no es feliz, ya no le importa nada mas que proteger a su hija, pero todo cambia cuando el mejor amigo de su captor se empieza a interesarse por ella despertando sus ganas de vivir, algo nuevo empieza a florecer entre los dos, y ese nuevo sentimiento puede llevarlos a la gloria o las ruinas.
Leer másLa mañana pintaba espectacular y como algo extraño, estaba de muy buen ánimo, quería que la jornada terminara rápido, eran apenas las 10:30,
anhelaba regresar a casa y prepararme para mi primer día de clases en la universidad, necesitaba relajarme, de verdad estaba nerviosa y un poco ansiosa. Me apasiona aprender cosas nuevas, porque a la hora de ayudar a alguien, sé como defenderme en cualquier tema que me toque discutir. Aunque no soy una mariposa social y siempre ando bajo perfil, a veces me toca socializar para poder avanzar.Por cierto soy Bella Piers, tengo 19 años y me considero una chica atractiva, mi cabello es de color castaño, un poco ondulado, de ojos marrones, responsable, organizada, amigable, soñadora, un poco tímida y con muchas ganas de vivir. Siempre estoy pensando en el bien de los demás, me encanta pasar tiempo con mi familia y soy protectora con mis seres queridos. Trabajo en la cafetería que está cerca de mi hogar. Tengo una amiga, su nombre es Kassandra Black, es una preciosa rubia, muy alta, con un cuerpo que todos los chicos desean, aunque su carácter es fuerte, suele ser muy amigable, es extrovertida, le encanta ir de compras, sus padres son millonarios, pero a ella le gusta ganarse su propio dinero. Igual que yo tiene 5 años trabajando en este lugar, lo cual agradezco porque su compañía es una bendición, sobre todo en los días revueltos donde mi torpeza es mi mejor cualidad y mi paciencia es nula.
Por fin acabó mi turno y con mucho entusiasmo me despedí de mis compañeros. Eran las 12:00 en punto. El viaje a casa era largo, así que tomé una gran taza de café con leche, le agregué suficiente azúcar y la llevé conmigo, lo confieso soy adicta al café. No puedo
pasar un día sin mi preciosa bebida, porque me ataca un terrible dolor de cabeza. Además de delicioso, el café caliente hace maravillas en mi sistema, sobre todo en las temperaturas frías de otoño.La verdad no me acostumbro muy bien a este clima, pero mudarme a Connecticut con mi familia, aunque fue necesario resultó maravilloso. Fue un nuevo comienzo para todos y la oportunidad de ser felices al fin.
A lo lejos divise mi casa y senti una paz infinita, apure el pasó, no debia perderme en la sensación, tenía que llegar rápidamente y prepararme. Las clases comenzaban a las 02:00 de la tarde hasta las 06:00.
- ¡Mamá, Lissy, estoy en casa! - grité emocionada.
- ¡Ey! - me responde mi Lissy agitada, mientras se abraza a mis piernas.
- ¿Cómo estuvo tu día preciosa?
- le pregunté mientras la levantaba y la subía a mi cadera derecha.Al llegar a la cocina encontré a mi madre.
- Hola, mamá
- Hola, querida cómo te fue hoy?
- Una mañana agitada mami, pero al fin terminó
- ¿Lizzy quieres decirle a Bella lo que hemos hecho hoy?
- ¡Oh! Nosotros hicimos el almuerzo y la cena, yo le ayudé a mami - se puso reir mientras jugaba con mi cabello. Le sonreí. Era tan linda y atrevida. A veces me desesperaba imaginarla a los 10 años. Estoy segura que será todo lo opuesto a mí.
- Muy bien mis amores. ¿Qué hay de comer? - pregunté hambrienta
Mi mamá respondió esta vez.
- Preparamos asado con papas y zanahorias. También tengo un poco de pan de ajo que pondré en el horno, solo te esperábamos para almorzar. Y para la cena, hicimos una deliciosa sopa.
Ahora vamos a la mesa que pronto tengo que ir a trabajar, la sopa la calienta Sofi cuando sea la hora.Sofi era una adolescente de 17 años, vivía en el mismo vecindario y era la nana de Lissy, resultó ser una estudiante ejemplar, de muy buen carácter y muy linda, mi hermana la adorada. Trabajaba de niñera en la comunidad, todos la conocían y la querían mucho. Los padres de Sofi trabajaban como presidente y secretario en la asociación de vecinos, por lo tanto era confiable.
- Gracias, mamá. ¿A dónde vas hoy?
- Voy a México y haré una parada
en Texas en el camino de regreso. ¿Quieres algo?- No mami, pero lo que tú quieras estará bien
Alexandra Thompson, mi mamá, es una destacada Aeromoza, se podría decir que ha sido una madre soltera, fue víctima de violencia doméstica por parte de nuestro padre y se separaron cuando mi hermana no había nacido aún. Mi padre nos dejó desamparadas y ella sola pudo con todo. Mi madre es demasiado atractiva, aún está muy joven, tiene 39 años, es alta, de cabello largo de color castaño, inteligente y por sobre todas las cosas ama a sus hijas, aprovecha el poco tiempo que tiene para pasar con nosotros, Estoy segura que por eso mi hermanita tiene un gran lazo afectivo conmigo, a sus 6 años me considera como su otra madre, a ella le encanta dibujar y es muy expresiva.
Miré el reloj y apurada le dije:
- Tengo que empezar a prepararme para ir a la universidad es mi primer día de clases- dije con mucho entusiasmo y mi madre se puso a reír.
- Estoy tan feliz por ti, cariño
- me dijo con una sonrisa llena de orgullo.- ¿Quieres ayudarme a elegir mi atuendo para mi primer día Lissy? - mi querida hermanita gritó feliz.
Me recosté y perdida en mis pensamientos, recordé que aunque habia decidido estudiar leyes, me encantaría ser trabajadora social y proteger a los niños abusados o desamparados, sentía que podía marcar una diferencia en sus vidas aplicando mis experiencias.
Una hora después, me había cambiado de ropa y me arreglé el cabello, lo que vi en el espejo me gustó. Estaba sencilla pero muy linda, me sentí cómoda con mi elección. Ya la niñera no tardaba en llegar sabía que mi madre tenía que viajar hasta el aeropuerto. Me despedí de las mujeres de mi vida y salí de casa lista para enfrentar los nuevos retos que representa ser una estudiante universitaria.
Cuando llegué al Campus de la Universidad de Nueva York, estaba maravillada y a la vez muy nerviosa, di gracias a Dios en ese momento, por ser tan bendecida y poder estudiar en tan prestigiosa casa de estudios. Saqué mi teléfono del bolso y verifiqué el número de aula y el horario que me habían asignado. La primera materia que me tocaba asistir era psicología. Repetí la información una y otra vez en mi cabeza, mientras me acercaba al edificio. Al llegar al salón, me fascinó el auditorio, era especial para esta materia, en la que según rumores de pasillo, el profesor era exigente y puntual. Miré mi reloj y aún faltaban 15 minutos para comenzar la clase, pero de igual manera entré
y decidí esperar. Me ubiqué a la derecha, en un asiento casi reservado, como dije antes soy muy tímida y en el primer día de clases los nervios se adueñaron de mí.Igual que yo, algunos estudiantes ya estaban sentados. De repente,
noto que un chico toma el puesto que está en el asiento posterior al mío, no le di importancia. Repaso mi teléfono y observo la cantidad de materias que me espera por estudiar, 15 minutos después la clase da inicio. De inmediato sentí que esa asignatura sería de mi total agrado, así que rápidamente me interesé sobre el plan de estudios. Tomé los apuntes necesarios y en la tercera hoja escrita, mi bolígrafo decide quedarse sin tinta. Sobresaltada, lo sacudí en un intento desesperado por revivirlo, pero no pasó nada. Resoplé y en un pequeño episodio de ira, lo lancé sobre mi escritorio. Frenéticamente busqué otro en mi bolso, en ese momento sentí que tocaron mi hombro, me di vuelta y pude ver una espléndida sonrisa, en el rostro de un chico que sostenía un bolígrafo para mí. Era demasiado guapo, alto, cuerpo atlético, ojos azules, cabellos de un color rubio cenizo y lo llevaba un poco largo, al instante noté que era agradable y sincero. Vestia muy bien, era extrovertido y muy amigable, me encantaron sus manos, eran grandes y estaban bien cuidadas. No soy del tipo de persona que entabla una conversación con un extraño, pero si se me acercan y comienzan a hablar, me animo y le sigo en el diálogo.Le devuelvo el cumplido con mi mejor sonrisa y le agradezco mientras acepto su ayuda y continúo escribiendo. A lo largo de la hora de clase, escribí
como nunca antes, tan rápido que mis dedos me dolían, aprovechaba los momentos de la exposición de videos para poder descansar la mano.Mi teléfono sonó repentinamente, y en un gesto natural en mi, me llevé el bolígrafo los labios, busqué mi celular en el bolso y lo apagué. Colocaron el siguiente video y fue cuando me di cuenta que aún mantenía el bolígrafo en mi boca, reaccioné impulsivamente y lo retiré al recordar de que no me pertenecia, afortunadamente el chico no lo notó.
Cuando terminó la clase, comencé a recoger mi escritorio y guardé todo, menos el bolígrafo y al girar me alegró ver que el chico aún estaba detrás de mí. En ese momento se levantó de su asiento dispuesto a marcharse y mi timidez y yo sin recordad la gran acústica del auditorio, le gritamos:
- ¡Chico, espera!
Nervioso se vuelve, sorprendido por mi grito. Sentí pena cuando los pocos estudiantes rezagados, me miraron extrañados preguntandose porque habia gritado de esa manera. Abochornada me disculpé:
- Lo siento, solo te quería devolver esto - le regalé otra sonrisa, esta vez un poco tímida. Agradecido por la atención, lo aceptó y lo guardó en el bolsillo de su camisa.
- No hay problema, siempre a tu orden para cuándo lo necesites - respondió muy amable- Soy Aker, encantado de conocerte - me tendió la mano y la tomé. Ya más calmada le respondí:
- Hola soy Bella - la apretó caballerosamente y nos despedimos hasta una próxima vez.
El resto de la tarde transcurrió muy agitado, muchas presentaciones, cantidad de apuntes y un sin fin de cosas nuevas. Extenuada y con mi cerebro repleto de información, me marché a casa, eran las 08:30 de la noche, Sofi corrió, su madre le esperaba en el auto. Mi hermana ya dormía. Me di un buen baño y me recosté. Al relajarme solo pensaba en el incidente del bolígrafo.
En ese momento decidí arreglar mis útiles para evitar otra situación incómoda.
Dos años habían pasado desde aquella noche en que Dasha aceptó salir a cenar con Iván. Dos años llenos de pequeños avances, de momentos compartidos y de una confianza que había ido creciendo poco a poco. Dasha había logrado mucho en ese tiempo: estaba a punto de terminar su segundo año en la universidad, había hecho amistades nuevas y, sobre todo, había aprendido a abrir su corazón, aunque fuera con pasos tímidos.Iván había sido una constante en su vida, siempre paciente, siempre atento. Nunca había forzado nada, y eso había permitido que, con el tiempo, la relación entre ellos se convirtiera en algo sólido, aunque aún no del todo definido. Megan, por su parte, lo adoraba. Para ella, Iván no era solo el vecino amable que siempre estaba dispuesto a jugar o a llevarlas a tomar helado; se había convertido en alguien más, alguien especial.Ahora, el cumpleaños de Dasha estaba a la vuelta de la esquina, y Iván había decidido que era el momento de dar un paso más. No quería precipitarse,
Dasha llevaba una rutina estricta y bien organizada. Hacia poco su hermana y madre se habían cambiando a departamento distintos. Ella en la mañana, tomaba de la mano a Megan, y la llevaba al colegio. Luego regresaba a casa, se dedicaba a sus clases de ruso, a sus sesiones de terapia psicológica, y a las tareas del hogar. Por la tarde, volvía a recoger a Megan, y ambas compartían el resto del día entre juegos, cuentos y las pequeñas obligaciones que una vida tranquila exigía. Había hecho progresos importantes. Por fin se sentía lo suficientemente segura con el idioma ruso como para dar un paso que había postergado durante años: inscribirse en la universidad. Era un sueño que había tenido desde mucho antes de mudarse a Rusia, pero la barrera del idioma, sumada a los eventos traumáticos de su pasado, había hecho que lo dejara de lado. Su familia y su círculo cercano, especialmente Iván, la habían animado a intentarlo. Iván era un vecino que se había convertido en un apoyo constante p
Después de unos minutos, se pusieron de pie y retomaron el camino a casa. Megan, aunque más tranquila, no tardó en recuperar su entusiasmo y comenzó a contarle sobre los juegos que había aprendido en la escuela. Dasha la escuchaba, respondiendo con pequeñas sonrisas y asentimientos, mientras en su mente juraba que haría todo lo necesario para mantenerla a salvo y feliz, sin importar lo que costara. Dasha y Megan acababan de regresar del colegio, caminando juntas hacia el edificio donde vivían. El primer día de clases de Megan había sido una mezcla de emoción y nervios, pero parecía haber salido bien. La niña sujetaba firmemente la mano de su madre mientras hablaba sin parar, describiendo con entusiasmo a su maestra, sus nuevos compañeros y todo lo que había aprendido. —¡Mamá! ¿Sabías que mi maestra se llama Elena y que tiene un gatito blanco? Dice que se llama Luna, como la luna del cielo. ¿Podemos tener un gatito también? Dasha sonrió, aunque había un cansancio en sus ojos. —V
El aire frío de San Petersburgo golpeaba con suavidad el rostro de Madison mientras caminaba de la mano de Lucía, mejor dicho: Megan. quien no paraba de contarle con entusiasmo los detalles de su primer día de clases. La niña saltaba de un lado a otro, arrastrando un poco a su madre, quien intentaba mantener el ritmo. Madison, o “Dasha” como era conocida ahora, mantenía su mirada fija en el camino, sus pensamientos divididos entre el presente y las palabras de Megan que resonaban como un eco cálido en medio de su tensión constante. —¡Y mamá! —exclamó Lucía con los ojos brillando de emoción—. Mi amiga nueva se llama Alina, y tiene un gatito que se llama Misha. Me dijo que un día me va a invitar a su casa para verlo. ¿Tú crees que podamos ir? ¡Quiero conocerlo! Dasha sonrió, aunque su mente estaba alerta a cada movimiento a su alrededor. Apretó un poco la mano de su hija, más por necesidad de asegurarse de que estaba allí que por otra cosa. —Claro que sí, mi amor. Si su mamá nos invi
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