Han pasado exactamente tres días desde aquella noche que Karla intentaba desesperadamente olvidar. Pero por más que la reprimiera, la escena se reproducía una y otra vez en su mente en los momentos de silencio, como una película muda que no podía apagar.
Ese día, llevó a Rubi a su clase de ballet —una solicitud que la niña había hecho tímidamente poco tiempo antes, y a la que Karla accedió casi sin pensar; no podía negarle nada que la hiciera sonreír—. El estudio de danza quedaba a quince minuto