Cuando el reloj marcó las 6:30 de la mañana, Karla se despertó sobresaltada. Su corazón latía con una violencia a la que ya se había acostumbrado, aceptándola como su "nueva normalidad". No fue una pesadilla lo que la arrancó de su sueño ligero y fragmentado, sino algo mucho más mundano y aterrador: el instinto de supervivencia.
El susurro de las cortinas automatizadas abriéndose lentamente para dejar entrar la luz del amanecer. Y, desde algún lugar no muy lejano, el sonido de pasos pequeños mo