Poco después que Hillary se marchara, el camino de entrada de la mansión Lombardi parecía una pista de despegue para el exilio.
El sol estaba alto, quemando la bruma de la mañana, pero el aire seguía frío por la tensión. Mientras observaban desde la ventana cómo el vehículo se alejaba levantando polvo, Alessandra sintió una presión extraña en su corazón; tenía poco de conocer a Hillary, pero sin duda alguna, en ese poco tiempo, había logrado ganarse el reconocimiento de la familia. La ayuda se