El aterrizaje en una pista privada clandestina fue rápido. Thiago ya tenía dos camionetas negras esperando. El equipo de asalto, seis hombres de élite leales a muerte a la familia Lombardi, se desplegó sin decir palabra.
—Nick dice que la señal viene de una villa antigua cerca de los acantilados del Capo Vaticano —informó Thiago, revisando su tablet—. Es una fortaleza natural. Solo hay una entrada por tierra. La parte trasera da directo al mar.
—Entonces entraremos por la puerta principal —dijo