Minutos antes de que la voz de Nick Walton estallara en el auricular de Salvatore para confirmar que todo en el puerto era un señuelo sangriento, la tragedia ya había echado raíces en la carretera costera de Palermo. El vehículo blindado donde viajaba Alessandra, escoltada por Aldo y cuatro hombres de élite, cortaba la oscuridad con una falsa sensación de seguridad. El aire dentro del habitáculo era pesado; Alessandra mantenía la vista fija en la ventanilla, con el corazón martilleando contra s