El aire fuera de la hacienda se fragmentó en mil pedazos. No fue una entrada sutil; fue una declaración de guerra. Salvatore Lombardi no llegó como un hombre buscando un rescate, sino como una fuerza de la naturaleza decidida a nivelar la tierra. El primer estruendo fue la explosión de la puerta principal, derribada por una carga de C4 que sacudió los cimientos de la estructura de piedra. Casi al mismo tiempo, el tableteo rítmico y letal de las armas automáticas de Thiago y su equipo empezó a s