Tras el tenso intercambio con Scott, Darius respiró hondo y sacó su teléfono del bolsillo del pantalón. Su pulgar pasó por encima del nombre «Novato» en la pantalla. Sabía que esta llamada no sería bien recibida, pero era la única manera de tender un puente entre la obsesión del viejo y la fortaleza herida de Nick. Presionó el botón para llamar.
Al otro lado, el teléfono sonó dos veces antes de que Nick contestara. Su voz, bronca y cargada de una advertencia inmediata, llenó el auricular de Darius:
—No comiences a joderme, Darius. No me interesa lo que el Jefe te haya pedido. Estoy tranquilo en casa con mi hermosa y no pienso arruinar mi noche.
Darius cerró los ojos por un segundo, preparándose. Sabía que la mención directa de Scott sería un muro. Así que optó por la mentira piadosa, la única que podría abrir una rendija.
—Vamos, hermano. No es por el viejo. Te necesito a ti. Necesito a alguien con quien hablar. Necesito a uno de mis hermanos y, pues… eres el más cercano. —Hizo una pau