El aire salado y denso de Calabria fue el primer saludo que recibieron al bajar del avión. Las ruedas del Gulfstream habían besado el asfalto con un chirrido que marcó el final de una travesía y el inicio de una purga necesaria. Al llegar a la mansión, el eco de los pasos sobre el mármol del vestíbulo resonó con una pesadez institucional.
En la sala principal, Charly y Hillary los esperaban, aún despiertos pese a la hora. Los saludos fueron breves, cargados de esa fraternidad que solo se entien