El aire nocturno del desierto se encargó de llevarse el olor a pólvora y sangre mientras las camionetas regresaban a la mansión. Al llegar, el silencio del hogar fue el bálsamo necesario. Sin mediar palabra, el grupo se dispersó. Sharon se sumergió en una ducha de agua tibia, dejando que el vapor borrara los besos y la imagen de la lengua de Jafar en el suelo del santuario; Lucius y Salvatore se fueron a sus respectivas habitaciones deshaciéndose de sus ropas manchadas, y Nick recuperó su sembl