“Las decisiones tomadas en el pasado siempre regresan dejando cicatrices profundas; porque cuando la verdad entra en una casa, ya no pide permiso… exige sangre, silencio o guerra.”
…Isabella no dijo nada. Su silencio fue más elocuente que cualquier grito.
Miró a Francesco abrazando a Natalia. Miró a las niñas. Miró las maletas. Y en sus ojos no hubo ira, no hubo celos. Hubo desprecio. Puro, absoluto, letal.
Francesco se separó bruscamente.
—Isabella, esto no es lo que parece...
Ella se rió.
Una risa baja, fría, que hizo erizar la piel a todos los presentes.
— ¿Ah, no? Porque parece exactamente lo que es: el patético final de una farsa que lleva años representándose.
Subió las escaleras sin prisa. Cada paso resonaba como un latido de muerte. En la habitación, tomó su bolso, su abrigo y el arma. La Glock 26 que Nick le había regalado en su cumpleaños. «Por si alguna vez necesitas recordar que el poder no siempre viene en forma de corona», le había dicho. Cuán acertado había estado.
Cuan