El estruendo de la primera ráfaga de disparos rompió la cristalera del ala este, esparciendo diamantes de vidrio por todo el suelo de mármol. El vestíbulo de la mansión Lombardi, antes un templo de silencio y lujo, se convirtió en un embudo de muerte. Sin embargo, tal como Alessandra sospechaba mientras apretaba el gatillo desde el balcón superior, la figura que lideraba el grupo no era Rebeca. Era una distracción, un señuelo vestido con rasgos similares para atraer el fuego principal.
—¡Es una