El silencio en el despacho de Salvatore se volvió denso, casi sólido, tras la revelación de Thiago. El aire parecía haberse agotado de repente. Alessandra permanecía inmóvil, con la mirada fija en el teléfono que aún parpadeaba en la bolsa de pruebas. El nombre de Robert resonaba en su cabeza como una campana fúnebre. Robert, el hombre que conocía los rincones de la casa, el que había servido la mesa en las cenas más íntimas, el que había estado presente mientras su hija crecía. La traición no