El mediodía entró sin contemplaciones en la suite de la villa, tiñendo el suelo de madera con una luz blanca y radiante. El silencio de la habitación solo era interrumpido por el murmullo lejano de las olas y el ritmo acompasado de dos respiraciones que compartían el mismo espacio. Salvatore fue el primero en reaccionar. El cansancio de una noche entregada por completo a la pasión se reflejaba en la pesadez de sus párpados, pero en cuanto sintió el calor de Alessandra atrapado contra su costado