El rugido de los motores se apagó finalmente en la pista privada del JFK. La puerta del jet se abrió, dejando entrar el aire húmedo y cargado de Nueva York. Damián bajó primero, con esa aura de poder absoluto que siempre lo precedía, seguido por Anastasia y Coni.
A lo lejos, ocultos en una camioneta de cristales tintados y utilizando lentes de largo alcance, los hombres de Alaric mantenían los dedos sobre los disparadores de sus cámaras.
—¡La tengo! ¡La tengo en el visor! —susurró uno de los vi