El salón comedor de la gala era un monumento a la opulencia y al exceso. Una mesa infinita de mármol negro estaba servida para los líderes más peligrosos de Europa del Este. Anastasia se sentó a la derecha de Damián, sintiendo el peso de las miradas de hombres que cargaban con más muertes que años de vida.
—Señores —anunció Damián, alzando una copa de cristal tallado—. Por la nueva era de la Bratva y la sangre italiana que ahora corre en nuestras venas.
Anastasia mantuvo la sonrisa perfecta, es