La niebla flotaba densa sobre las aguas mansas del lago, devorando la vieja cabaña de madera abandonada. Tres camionetas blindadas de la Bratva Petrov se detuvieron en seco, sus neumáticos crujiendo sobre la grava húmeda. Damián descendió del asiento trasero, ajustándose el abrigo largo de lana negra. Detrás de él, Boris y un grupo de imponentes soldados rusos recién llegados de Moscú aseguraron el perímetro con las armas listas.
Al acercarse a la cabaña, Damián frunció el ceño. Esperaba encont