El ritmo se volvió brutal. Damián la sujetaba con fuerza de las caderas y embestía hacia arriba con salvajismo, penetrándola hasta el fondo con su miembro grueso y largo. Anastasia mordía los labios para no gritar de dolor, pero su cuerpo temblaba. Cada estocada era profunda, implacable.
—Joder… qué estrecha estás… —gruñó Damián con la voz ronca de placer.
Aumentó la velocidad, follándola como un animal. Anastasia se aferraba a sus hombros, moviéndose encima de él, besándolo para ocultar las lá