A los pocos segundos, Coni, la dama de compañía asignada a Anastasia, entró con paso firme. Su rostro era una máscara de neutralidad, pero sus ojos observaron rápidamente el desastre en el baño.
—Coni, ayuda a esta perra a que se asee —ordenó Damián, señalando a Anastasia—. Tapale los golpes con maquillaje; no quiero ver imperfecciones en mi propiedad. Y quiero que ella misma me prepare el desayuno. Lo quiero en la mesa en treinta minutos.
Damián se inclinó, sujetando el mentón de Anastasia con