Sicilia — Bodega abandonada, medianoche
El olor a hierro y vino viejo impregnaba el aire.
El eco de los pasos de Greco resonaba entre los muros húmedos.
Los tres socios principales del ruso —Romanov, Vitale y Kravchenko— estaban atados a las sillas, los rostros hinchados, el miedo en los ojos.
Greco se agachó frente a ellos, la mirada fija, helada.
Su tono fue suave… demasiado.
—¿Saben qué es lo peor de un rey sin trono?
Nadie lo traiciona… lo abandonan.
Romanov tragó saliva.
—Greco, esto no ti