El reloj marcaba las seis de la tarde cuando Dante Jr. salió del edificio principal de Leone Wines.
El aire de la Toscana estaba tibio, con aroma a uvas recién cortadas y madera vieja.
Pero en su pecho, nada era calma.
Había pasado toda la tarde viéndola —Victoria— sonreírle al inversionista francés.
Esa sonrisa… la misma que él había soñado tantas veces ver solo para él.
Se quitó la chaqueta con fastidio, caminando hasta los jardines.
El enojo se mezclaba con tristeza, y la tristez