El salón principal de la sede Leone Vinicola estaba engalanado para la despedida.
Las paredes de vidrio mostraban, detrás de las luces, el viñedo que se hundía en la penumbra; las mesas, dispuestas en semicírculo, hablaban de una casa grande que, esa noche, se reducía a miradas contenidas y a un adiós que nadie quería pronunciar demasiado alto.
Había música suave, una colección de amigos y socios, y la familia en primer plano: Greco, Arianna, Dante, Luciana, Ekaterina, Morozov, Ravenna. Los