El sol apenas comenzaba a filtrarse por los ventanales del viñedo.
El aire olía a uva fresca y a café recién hecho; la vida seguía con la misma cadencia perfecta que los años habían construido.
Pero dentro de Dante Jr, nada estaba en calma.
Se había despertado temprano. No podía quitarse de la mente la imagen de Victoria riendo en la cena, hablando del chico con el que saldría.
Recordó las palabras de su padre, “si la amas, díselo”, y supo que no podía seguir callando.
Subió los escalones del edificio principal, cada paso pesándole más que el anterior.
En el piso superior, donde las oficinas daban al jardín interno, la vio.
Victoria estaba frente a un espejo, revisando su reflejo.
Llevaba un vestido color lavanda, ligero, que caía como una brisa sobre su piel.
Su cabello castaño ondeaba libre, y en el cuello, un pequeño dije con la inicial “V”.
Sonreía… pero no del todo.
Era esa sonrisa que sólo mostraba cuando intentaba convencerse de algo.
Dante Jr se detuvo en la puerta