La villa dormía en silencio, pero Greco no. Desde su despacho, observaba por enésima vez las cámaras de seguridad del teatro, los reportes de movimientos, los rostros de escoltas que habían acompañado a Arianna en sus últimos ensayos.
El cigarro se consumía lento entre sus dedos. Sus ojos azules brillaban con un fuego que mezclaba rabia y duda.
—Me ocultas algo, amore mio… —murmuró al aire, viendo en la pantalla una imagen congelada de Arianna entrando al camerino.
Desde que escuchó esas palabr