El restaurante “La Loggia”, en lo alto de la colina, brillaba como una constelación privada. Velas bajas, manteles de lino, copas de cristal y el rumor lejano de Florencia como un mar en calma. Greco había reservado todo un corredor de mesas junto a los ventanales; los escoltas se mantenían discretos, a distancia. Aquella noche no había armas entre ellos: solo flores y promesas.
Arianna llegó con un vestido marfil de seda que le abrazaba la cintura y dejaba los hombros limpios; el cabello recog