📍 Moscú — Piso franco, noche cerrada
La lámpara del techo parpadeaba como si la electricidad supiera del cansancio que pesaba en los hombros de Greco. Frente a él, el portátil abierto, la pantalla azul reflejaba sus ojos enrojecidos. Dante preparaba la conexión, mientras Morózov servía vodka en vasos pequeños.
—Listo, fratello —dijo Dante, dándole una palmada en el hombro—. Ellas ya esperan.
Greco respiró hondo, se pasó la mano por la barba incipiente y se acomodó en la silla. Su corazón latía