Jardín trasero de Villa Leone – Medianoche
El viento agitaba las hojas del olivo y el sonido del mar llegaba como un murmullo lejano.
Ekaterina caminaba rápido, con el corazón golpeándole el pecho. Sus tacones resonaban en la piedra, su respiración era pura furia contenida.
—¡Morózov, suéltame! —dijo, tratando de zafarse, pero él la sostuvo del brazo con firmeza.
—No te voy a soltar —rugió él, la voz baja y áspera—. No después de verte con ese tipo.
—¡Ah, ya salió el celoso! —replicó ella, fulminándolo con los ojos—. Sí, estuve con él, y fue por negocios. ¿Algún problema?
—Negocios —repitió Morózov con sarcasmo—. Claro. Porque todos los “negocios” terminan con una sonrisa y un beso en la mano, ¿no, princesa?
—¡No era un beso, era una cortesía! —lo empujó con ambas manos, pero él ni se movió—. No tienes derecho a reclamarme nada. Lo que pasó entre nosotros fue un error, ¿entendiste?
Morózov sonrió, una sonrisa lenta, peligrosa.
—¿Un error? Entonces, ¿por qué tiemblas cada vez que me ac