Jardín trasero de Villa Leone – Medianoche
El viento agitaba las hojas del olivo y el sonido del mar llegaba como un murmullo lejano.
Ekaterina caminaba rápido, con el corazón golpeándole el pecho. Sus tacones resonaban en la piedra, su respiración era pura furia contenida.
—¡Morózov, suéltame! —dijo, tratando de zafarse, pero él la sostuvo del brazo con firmeza.
—No te voy a soltar —rugió él, la voz baja y áspera—. No después de verte con ese tipo.
—¡Ah, ya salió el celoso! —replicó ella, fulm