Casa de campo — Amanecer gris
Ekaterina se despertó con el sonido de la lluvia.
El agua golpeaba las ventanas con la cadencia de un corazón roto.
En la mesa había una taza de café frío y una carta a medio escribir.
La noche anterior había llorado hasta quedarse sin lágrimas.
El nombre de Morózov todavía ardía en su garganta, pero ahora la voz se le había apagado.
Se miró al espejo: ojeras, el labial corrido, los ojos hinchados.
Una mujer cansada de resistir.
Encendió un cigarrill