Hospital de Verona — Madrugada
La habitación estaba en penumbra.
Luciana yacía recostada, el cabello pegado a la frente, los ojos brillantes de cansancio y de vida.
A su lado, dos pequeñas cunas.
Dos respiraciones diminutas, dos pares de manos moviéndose como alas.
Dante estaba sentado al borde de la cama, en silencio.
Sus manos temblaban, pero sus ojos… sus ojos eran puro asombro.
—¿Sigues ahí o te desmayaste de nuevo? —bromeó Luciana, con una sonrisa cansada.
—No lo sé… —respondió él, entre r