Las luces cálidas del amanecer apenas se filtraban entre las cortinas del despacho de seguridad de la villa, mientras el hombre asignado por Greco hojeaba informes y grabaciones. Su celular vibró y rápidamente lo contestó.
—¿Hablas con Piero, jefe de seguridad del Leone —dijo con voz seca—. Tengo el reporte que pediste, Marco.
Del otro lado de la línea, Marco asintió desde la oscuridad de su oficina, acompañado por Miraldi.
—Dime los cambios.
—Las cámaras han captado movimiento fuera de los lími