Zane
La luz del amanecer se filtraba por los ventanales de la oficina de Zane, proyectando sombras alargadas sobre los mapas desplegados en su escritorio. Llevaba horas revisando los informes de las patrullas fronterizas, pero su mente divagaba constantemente hacia ella. Hacia Luna.
Apoyó ambas manos sobre la mesa y exhaló profundamente. Tres semanas habían pasado desde que aquella loba de ojos desafiantes había irrumpido en su territorio, y en ese breve tiempo, todo había cambiado. La manada,