Luna
La noche anterior a la batalla, Luna no pudo dormir. Sentada en el alféizar de la ventana de la habitación que compartía con Zane, contemplaba la luna menguante que se asomaba entre las nubes. Resultaba irónico que llevara ese nombre y que toda su vida hubiera estado tan conectada con aquel astro plateado que ahora parecía observarla con la misma intensidad con la que ella lo miraba.
Sus dedos acariciaron inconscientemente la marca de su cuello, aquella que la unía a Zane de una manera que