Mariana
—No tengo nada en contra de usted, por favor déjeme ir, esa cosa me tenía prisionera—, suplicaba Mariana, intentando correr, pero sus piernas no le respondían.
—Pequeña, jaguar, ya te lo mencioné, o lo pensé; mi misión es acabar con todos los que ensucian la selva y los bosques—, El wendigo levantó sus cuernos de alce, de los cuales chorreaba la espesa sangre morada de su captora.
—Te comprendo, a mí me encanta la naturaleza y más cuando estoy transformada en jaguar; me cautivan sus aro