| ALBERTO
El cielo castigaba a la tierra escupiéndole sus kamikazes gotas de lluvia que, al golpear el suelo, le arrancaban pedazos, generando pequeñas explosiones de lodo, justamente en lo que se transformaba esta calle de este nuevo barrio que aún no tenía sus vías con pavimento. Aunque el tiempo parecía detenido en el instante en que Mariana y Alberto encontraban de nuevo sus miradas, fue como si de sus pechos saliera un rayo de luz que los conectara, rompiendo todos los sucesos que los habí