LOIS
Nunca me habían llevado de compras. Nunca me habían llevado a ningún sitio con tanta intención.
—Queremos que esta noche estés perfecta —dijo Emmanuel al oído mientras bajábamos las escaleras.
—No porque lo necesites —añadió Ezequiel—, sino porque lo mereces.
Montamos en una de esas camionetas largas que apenas había visto de lejos. Brillaba como si acabara de salir del taller, y los asientos olían a cuero nuevo. Durante el trayecto, Emmanuel me acariciaba los dedos mientras Ezequiel hacía