EZEQUIEL
El camino hacia el claro estaba cubierto de ramas húmedas y tierra revuelta.
Avanzábamos en silencio, con la tensión empujándonos por dentro. Emmanuel caminaba delante de mí, con paso firme, como si tuviera un objetivo claro. Yo, en cambio, no podía dejar de mirar hacia atrás. Sentía que cada paso alejándome del hospital me dolía como una traición.
A lo lejos, lo vimos. Sentado sobre una roca, con los brazos apoyados sobre las rodillas, la espalda recta, el torso descubierto. No parecí