El olor del fuego seguía en el aire, mezclado con el sudor, el barro y la tensión.
Emmanuel había desaparecido entre los árboles, pero no logró ir muy lejos. Thorne lo alcanzó con un salto que pareció partir el aire, lo tiró contra el suelo y lo arrastró varios metros, dejando una línea profunda en la tierra húmeda. Emmanuel rodó, se levantó, temblando de furia, y lo enfrentó sin decir una palabra.
Ezequiel llegó segundos después, cojeando, con sangre seca en el costado y los colmillos todavía